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El Problema de Yorick

nº 4

SUMARIO

 Portada de María José Serna

Ilustraciones interiores de Irene Nadal y Daniel Álvarez

 

a literatura empieza siendo fantástica porque la realidad ya está en nuestra casa y es ocioso relatarla. Y porque nos fascina el reverso de las cosas, su penumbra, y esa otra tierra ignota que es lo sobrenatural o desconocido, ámbito de lo fantástico. La peripecia de Ulises viajero o una guerra verosímilmente ficticia, Troya; la cosmología de Hesíodo; el sumerio Gilgamesh; las sagas islandesas y el formidable compendio oriental de las Mil y una noches. Incluso la crónica se reviste de elementos fantásticos porque para el antiguo es fantástico todo lo que no entiende y pertenece a una civilización distinta de la suya: la historia es fantasía hiperbólica en Heródoto y en los cronicones medievales, que se surten de una épica donde la divinidad tiene un rostro humano y los héroes están más allá de sí mismos.

El problema de Yorick homenajea en sus páginas un género, el fantástico, que es por sí mismo toda la literatura y cuya estela llega intacta a este siglo de horrores. Y dado que el término es suficientemente amplio y sin lindes precisas (el terror, la ficción científica o incluso el realismo mágico se nutren por igual de lo fantasioso) recoge una muestra amplia de asuntos del otro lado: el paso del tiempo, (Las hijas de doña Margarita), los espejos que ya repudiaron Borges y Bioy (Los espejos), la mitología o las metamorfosis (Mitología en cinco actos, El vendedor de altos vuelos, Testing Simon), o el tema del doble (¿El otro soy yo?) Y no podían faltar, desde luego, el mundo onírico y los fantasmas, quizá los más genuinos dentro del canon fantástico (El juego, Una eternidad más, El atrapasueños). Si algún lector sorprende algún relato cotidiano (Billetes, Posesión) sepa que también la realidad puede ser fuente de terrores o misterios. Como complemento, se incorpora un ensayo sobre uno de los maestros del género, Cortázar, quien junto a Borges y Bioy renovó una tradición poco frecuentada por los autores de lengua española.
Fueron responsables del invento e incursores en el lado oscuro: Patricia Suárez, José-Ramón Blanco, Antonio Ramos, Arturo Tendero, José Fernando Blanco, Mónica March, Francisco J. Rodríguez Criado, Arturo Génova, J.D. Scovil, María Penalva, Andrés García Cerdán, Antonio G. Muñoz y Eloy M. Cebrián.

En el apartado de poesía, no atenida en esta ocasión a géneros, se ofrecen nombres ya conocidos por el lector y habituales de la revista: Gonzalo Hernández Sanjorge, Vicente Llamas, Isaló Gómez, José-Ramón Blanco, León Molina, al lado de autores consagrados como Luis Martínez-Falero o Carlos Marzal.
María José Serna, Irene Nadal, y Daniel Álvarez pusieron cuerpo gráfico a los fantasmas y pesadillas que pueblan este nuevo número de Yorick.

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EL PROBLEMA DE YORICK

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