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TEXTO
DE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
PECES
DE CARNE Y HUESO
DE
ISALÓ
GÓMEZ
Café-concierto
"Nido de Arte"
Albacete,
15 de
octubre de 2004
Texto
de AURORA MIÑAMBRES
Fotografías
de Eloy Cebrián y Miguel Cebrián
Buenas
noches a todos: Quería, antes de nada, agradecer, además de vuestra
presencia, la atrevida idea y la bendita inconsciencia con las que el
escritor Eloy Cebrián, en tareas aquí de editor, junto con la
protagonista de nuestro encuentro, Isabel Gómez, me propusieron hacer
la presentación de estos Peces de
carne y hueso que se presentan por sí mismos y, más aun si se leen
las certeras palabras de la contraportada.
Digo
“atrevimiento”, y digo “bendita inconsciencia” de ambos, por
cuanto esta ciudad goza de un nutrido grupo de creadores de poesía, de
poética también, que podrían decir más y mejor que yo; me estoy
refiriendo en especial, a los queridos compañeros de la conjura de la
Confitería y de Isla Desnuda, entre otros.
Pero
ya ven, me convocaron a mí y… Una no puede decir “no” a Eloy
Cebrián, generoso desde su escritura y desde ese activo espacio de
creación que es El problema de
Yorick. Y una no puede decir tampoco, pero
que “muy tampoco”: “no” a esta mujer entrañable e impúdica
-como iremos viendo-
sobre todo después de horas y horas de plática filosófica
compartida, y después de haber leído alguno de los poemas entonces inéditos
que tuvo a bien confiarme en los pagos de Riópar, hace bastantes años
ya.
Desde
luego, más
atrevida e
inconsciente que el editor ha sido la poeta, que me sugirió una
presentación contenida, a fin de que no le sobrepasase la emoción. A mí,
casi nada me gusta tanto como desobedecer, y es que sólo desde la
admiración que te profeso, Isabel, podría venir aquí para unir mis
palabras a las tuyas. Yo creo que las presentaciones a un libro de poesía
rozan –cuando menos, y así la mía- el descaro
de la sobreabundancia, de la inutilidad chirriante de las
palabras engoladas, por eso, desde la emoción te hablo y os hablo,
intentando que las palabras no sobren… demasiado, intentando pensar
con lo que sientes, y sentir con tus reflexiones.
Reconoce
Isaló haber reunido aquí los poemas, sus “hijicos” –así los
considera- , que la han acompañado
de hace años, junto con otros del mismo 2004, para que los palpemos, en
forma de libro, bellamente editado; por cierto, Isaló les hablará del
motivo de la portada, mientras (querido Eloy) otro libro fresco y
reciente espera una edición.
Bajo
la imagen, la advocación del pez, móvil y húmedo, al que añade el
contrapunto de la carne y el hueso
(uniendo así materialidad y cuerpo al dinamismo y a la umbría
asociados a lo acuático), bajo la admonición del pez presenta Isaló
su obra, la obra de una mujer en el extrarradio de los circuitos
culturales -pero
al tanto de los latidos de la creación literaria-.

Con
frecuencia se habla de los escritores de provincia que han de acudir a las grandes
capitales, a esos círculos culturales
que son, demasiadas veces, círculos de poder. Yo prefiero hablar
de “encuentros literarios”, como el que se produjo entre Eloy e
Isabel en los entresijos de la red. Y en este caso, recomiendo que sea
la ciudad la que acuda al encuentro de Isabel quien, en ninguno de los
sentidos es una escritora de provincias, y mucho menos provinciana;
Isabel, sabedlo, es una poeta en la Sierra; una viajera pertinaz, que ha
hallado su asiento entre el Río Mundo, el Colegio y la estantería
repleta de libros de su casa rural; porque en la sierra encuentra setas
y endrinas
(si el año se tercia) y la porción de lujuria (digamos
suficiente) para desbordarse en sus poemas de pasión.
Porque
el eros habita desbordado y desbordante en la palabra de Isaló, y, como
sabemos, quien canta comprometido con tal pasión sabe de sus gozos y
dolores, de la finitud de la materia individualizada en que el eros se
asienta, y del infinito deseo que nos habita y en el que somos: carne
y hueso, Isabel, humedad y movimiento, como tus peces. Reza así el
apartado correspondiente a Lujuria del poema Examen
de consciencia, -tomado
de la primera parte de las tres que componen este libro, p. 33-
:
"…
es recurrente
el
tema del amor
lo
he buscado para mí sin querubines
quiero
cuerpos que sudan
y
perros que se huelen
quiero
mil lenguas afectadas de parkinson
manos
multiplicadas
coños
en flor
miembros
hinchados de sabiduría y sangre
mística
del desnudo
tacto,
deseo, saliva.”
Y
es que la poesía de Isabel nos hace desear el deseo, tentar el tiento
y, como bien se nos dice en la solapa de este libro, Isaló consigue
tratar “el
erotismo y los placeres de la vida tintados de cierta amargura”
Esa
amargura que podemos rastrear y oler en un poema incluido en la 1ª
parte del libro bajo el título
Wendy (os indico, página 21) todo un ejercicio de dolor apurado con la
imagen de la infancia como paraíso imposible de recuperar, y el zarpazo
del desamor trayendo la doliente consciencia, la dentellada de la
locura, la enfermedad:
“Yo
quería ser una niña pequeña
y
no saber que hay gente
que
puede romperte el alma
y
quedarse tan tranquila;
que
pueden asesinarte muy despacio
mientras
toman café,
y
que te hacen sentir
que
tu amor les estorba
como
el cable del brasero.”
Como
vemos, Eva expulsada del paraíso tras morder la costilla (¡y mira que
te gusta!) de Adán, pero tras morder también la fruta codiciada del árbol
del conocimiento y la literatura, veneno que adoramos. Así observamos
en un fragmento extraído,
de nuevo, de Examen de
Consciencia (página 32) pero en este caso la Envidia:
"…
Se leía
el
olmo seco en octavo
y
en segundo serán ceniza mas tendrán sentido
yo
me iré, quiero acordarme en cou
se
leía a los poetas
como
quien memoriza en una tarde
a
tabla periódica de los elementos
litio
sodio
potasio
la
envidia, el deseo de haber escrito
estas
palabras
es
leer poesía.
Se
muestra pues, concluiremos, en
la escritura de Isabel ese doble eje de la poesía, el poema como
celebración y como ejercicio reflexivo que, al
cantarlo, detiene el presente (tras la vivencia incubada) y que
acuna la pena en lugar de huirla. Rastreando sus poemas hallamos un
desarrollo frecuente: se desgrana la poesía borboteando intensidad,
lascivia; y se escalonan los versos contando el desamor, la decepción,
el gozo; y al final, la fuerza significativa de elementos pequeños
transfigurando frases hechas, liturgias dispares, como cuando se nos
dice en Genuflexión: “con un grito te postras // y
podemos ir en paz y en Consulte
nuestro horóscopo: “Antes de
convertirme en sal,//
puedo jurarlo// no volví la cabeza”
También
podemos rastrear en sus versos una vida de abundantes lecturas, de
viajes importantes, de músicas predilectas, lo que contribuye
seguramente a dotar a sus poemas -si se me permite- de una carácter de
micro- relatos iluminados poéticamente por la fuerza simbólica con la
que transforma lo propio en común, la cotidianeidad en pensamiento
vivido.
Así transcurre una gran parte de los poemas de Isaló donde hay
mucha Isabel-, atravesando las lindes de lo abstracto a lo concreto: del
océano al grifo, del mar a la saliva, de la vida soñada a la cisterna
que tantos sueños se llevó.
Sólo
me resta sugerir que leamos este libro, solos o acompañados, para
sentir las ganas de pensar, para pensar las ganas de sentir, y que
busquemos como Isabel: setas, endrinas,
sencillez y pasión, literatura... Sólo me queda agradecer a
esas cinco maestras (que no conozco) citadas en el libro, haber
colaborado con los padres de Isabel en el alumbramiento de una persona
entrañable y una poeta singular.
AURORA
MIÑAMBRES RODRÍGUEZ
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