Políticos delincuentes
Miguel Barceló
Vaya con la cárcel... Tenemos encerrados a más de 50.000 ciudadanos.
Están allí por violar, asesinar,
estafar, haberse apropiado de la propiedad de otro, atentar contra el orden,
vender sustancias prohibidas, etc., etc... Son, por definición, seres asociales
que necesitan rehabilitarse y deben
de sufrir un castigo ejemplarizante. Nuestra sociedad, desde que el hombre fuera
expulsado del paraíso por comerse una manzana, se ha regido por:
"Quien
la hace, la paga".
La mayoría de estos 50.000 ciudadanos, prisioneros de sus semejantes,
lo son por haber cometido pequeños
delitos, relacionados en su mayoría con las drogas que se ha determinado que
sean ilegales. Cuesta entender que nos es permitido consumir unas sí y otras
no. Probablemente esta incongruencia responda a intereses de los
narcotraficantes, o, porque si todas fueran legales, como lo es el alcohol, el
café, la nicotina, las benzodiacepinas, los barbitúricos, los antidepresivos,
etc, etc... las cárceles estarían medio vacías y sería necesaria una
reconversión para reubicar a los miles de trabajadores: funcionarios del cuerpo
de prisiones, fiscales, jueces, policías, psicólogos...
Se entra en ella por mandato del
poder judicial, un instrumento creado para resolver conflictos que se está
convirtiendo en una realidad conflictiva y difícil de entender por el ciudadano
medio, caracterizada por su universalidad (para todos los españoles)
y también por su opacidad y falta de transparencia. Debería
caracterizarse también por su independencia, pero la actuación de los fiscales
generales que no dejan de demostrarnos su vocación - Su torticera contumacia en
el caso Pinochet ha sido lamentable- de ser meros instrumentos del poder político,
hace que ponga en duda dicha independencia.
Lo cierto es que hemos construido unos espeluznantes edificios donde
unos mal pagados funcionarios tienen que hacer lo posible para rehabilitar
a estas personas, hermanas nuestras; y que
unos también mal pagados ciudadanos guardias civiles cobran unos paupérrimos
honorarios para evitar que se escapen.
Aunque el prisionero, en su gran mayoría, proviene de las capas sociales bajas, en ellas conviven
personas de todas clases. Existen incluso presos que dicen estar encerrados por
cuestiones políticas. Así, tenemos a casi
mil terroristas de ETA a los que
castigamos, además de privarles de la libertad , alejándolos de sus seres
queridos, o el caso inaudito de Gil (que se haya declarado preso político ha
dejado mi única neurona funcionante a punto de entrar en la UCI). No entiendo
como un esperpéntico personaje, que dicen ha robado 450 millones a los
marbellies para darlos al Atlético de Madrid, quiera hacernos creer que es
todo un Robin Hood. En lo único
que se parecen uno y otros presos políticos, es que ninguno de dos es político
y que utilizan una misma coreografía coreografía exterior. Las dos últimas
manifestaciones multidudinarias que se han realizado en España han sido por su
causa: Una, en Marbella, para reclamar la libertad de Gil
y Gil Tal y Tal y la otra en el
País Vasco para exigir el cumplimiento de la ley penitenciaria en el caso de
los de ETA. ¡Definitivamente la calle ha dejado de ser un patrimonio de la
izquierda!.
Tengo que reconocer que hasta ahora me era fácil hacer una distinción
entre un preso político y un político preso. Roldan, un rufián, pícaro y
sinvergüenza que robaba incluso a
los huerfanitos de la guardia civil era un ejemplo patognómónico
de un político preso. Cañellas y Gilet, lo hubieran sido sino hubieran
prescrito las penas. Los políticos
presos argumentan sus defensas en los mismos razonamientos: No se ha podido
probar su culpabilidad o si se ha probado - como es el caso de Cañellas- no ha
podido producirse condena.
No estoy de acuerdo con el encarcelamiento de los políticos. Enviarlos
a la cárcel es convertirlos en víctimas y en la certeza de que nunca se sabrá
la verdad. Estoy seguro que terminaran demostrando que Marey fue secuestrado por
dos policías en su
tiempo libre que se divertían atándolo a una cama, alimentándolo con
comida para perros, con el fin de que Cascos pudiera elaborar
una estrategia contra el PSOE. Otra explicación posible, que me temo
aparezca pronto a la luz, es que se encuentre un
certificado médico y se demuestre que Marey, en un brote psicótico, se
secuestro solo; o que el GAL recibía el dinero en algún lugar recóndito del
desierto de los Monegros de la misma manera que los judíos recibieron el maná
en el desierto de Sinaí.
Redundo, no estoy de acuerdo que los encierren en la cárcel. No se
arrepienten de lo que hicieron, al contrario, se sienten orgullosos de sus
actos. Existen muchas posibilidades de que reincidan. Son presos no
rehabilitados. La cárcel no sirve para ellos. Encerrarlos, sólo unos meses,
ayuda a aumentar mi escepticismo ante una justicia que mantiene sin
libertad a unos ladrones de poca monta por haber pegado tirones; mientras a éstos
otros, les prescriben las penas, o al cabo de unos pocos meses se les concede el
tercer grado, o se les indulta...