El problema de la palabra PAZ consiste en que es un monosílabo.
Uno la suelta como un disparo, en un solo golpe de voz, y se queda
descansando: PAN. Quiero decir PAZ, pero el disparo suena más
a PAN. Y si se piensa con detenimiento, esta confusión
de palabras, en realidad un intercambio de letras, la n por la
z, no es ningún disparate. La directora de la Organización
Mundial de la Salud se ha congratulado del premio Nobel concedido
a Médicos Sin Fronteras afirmando que "realza la relación
entre la salud y la PAZ". En otras palabras, la relación
entre el PAN y la PAZ, porque la salud bien entendida empieza
por comer de vez en cuando.
Ahora que la especie humana constituye una familia numerosa de
grado especial, seis mil millones de personas, en buena parte
del Tercer Mundo siguen confundiendo el PAN de comer con el PAN
de los disparos. Entre uno y otro monosílabo mantienen
viva la escabechina, lo que no impide a esos países pobres
multiplicar su población, es decir su sufrimiento, de forma
vertiginosa. Aún así, el niño seis mil millones
ha nacido en Sarajevo, un lugar asolado pero cercano, en lugar
de en la oscuridad profunda del África negra, o en la estrechez
amarilla de los países asiáticos. Hasta en esto
tenemos suerte los occidentales.
Eso no nos libra, claro. Cada vez que doblan las campanas por
uno de nosotros, doblan por todos, como acuñó Hemingway,
un yanki que en realidad a lo mejor pretendía acuñar
un eslogan, pero que estableció una verdad. Y las campanas
doblan que no paran, con su penetrante monosílabo: DAN,
DAN, DAN. Se les oye, se les oye, pero algo distorsionadas. En
realidad, entendemos PAN, PAN, PAN. Y sabemos más o menos
por donde voltean, en países lejanos, de nombre resonante:
Burundi, Timor, Sudán...
En cambio, "España va bien", lo que resulta
ser una amplificación eufónica del monosílabo
PAZ, para que suene a otra cosa que a PAN. En realidad equivale
a un BAH, o a un PLIM (a mí...), e incluso a un PAN-PLI-NAS,
que parece una expresión China, formulada a base de fonogramas,
y que en realidad es muy castellana y procede del latín.
La conclusión es que España, para empezar, del oído
no anda muy fina, pues no escucha con nitidez los millones de
campanazos que redoblan allende nuestras fronteras llamando a
PAN, PAN, o sea a PAZ, PAZ. Algunos llegan hasta nuestras orillas
en patera gritándolo, y se oye el GLUB, GLUB de los ocupantes
o el BLAM de la puerta que les cerramos.
"Pero España no está sola", protestará
más de uno. El mundo occidental está lleno de países
sordos, que viven envueltos en el algodón del bienestar
y con los auriculares del walkman puestos, escuchando su propia
cantinela. La cantinela del CLINC, CLINC, siquiera virtual, que
hace nuestra ilustre señora la economía, el ZIP
que producen los votos al filtrarse cada cuatro años en
la urna, y el ZAP que imprime el pulgar cuando gobierna el mando
a distancia con el que programamos nuestro olvido cotidiano. Ahora
también el TAC-TAC que hacen los dedos en el ordenador,
en busca de los bites (léase BAITS, monosílabo)
que nos hermanan a los ricos en la iglesia global de Internet.
A poco que uno se retire los auriculares un instante, quedará
ensordecido por el DAN, DAN, DAN de las campanas que atruenan
la tierra, por el PAN, PAN de los que piden comida y por el PAN,
PAN, PAN de los disparos con que se les responde. Si de pronto,
todos estos monosílabos callasen, se escucharía
sobre el crujir del planeta, el TIC-TAC de la bomba de relojería
en que se ha convertido nuestra especie. Basta con que sigamos
creciendo, nosotros o nuestra destructiva e insostenible economía,
para que tarde o temprano la bomba explote por algún sitio:
BUM. Sólo es preciso esperar. "No estamos muy convencidos
de que la palabra salve, pero sí sabemos que el silencio
mata", han dicho los Médicos Sin Fronteras al enterarse
del premio. "Nos mata a todos", cabría añadir.
Hay que congratularse, pues, de que el Nobel de la paz haya recaído
en uno de los grupos de desactivadores que andan trabajando a
espaldas de los Gobiernos para aligerarnos de explosivos como
sea. El truco parece que consiste en cambiar los monosílabos
por palabras más largas, que cueste más trabajo
pronunciar, pero que resulten más efectivas: "pacificar
en vez de PAZ", o "alimentar en vez de PAN", para
ir empezando. Un buen modo de ayudarles sería ampliar al
0,7% nuestra contribución al Tercer Mundo: ceder CLINC
a cambio de un porcentaje algo mayor de esta pírrica PAZ,
de usar y tirar, que conocemos.