Felices
Fiestas
Miguel Barceló
En estas fechas, mañana y tarde, nuestros hijas pequeñas son
reiteradamente tentadas a comprar muñecas bebé, grandes y rollizas, que
estimulen el instinto maternal. Objetos de latex que hablan, rien, menean la
cabeza, tiene fiebre, o mean. Para las mayorcitas han inventado unas minimuñecas
anoréxicas, generalmente rubias, que pueden pintarse, maquillarse, peinarse; en
una palabra, ser femeninas. A los niños, machos y agresivos
les incitan a comprar monstruos,
también de latex, que matan,
disparan, vuelan... y coches, que después de darse trompazos, siguen circulando
como si nada. Todos llevan el rotulo de "más de 5.000 ptas".
La tele, nuestra ventana al mundo, tampoco se olvida de los adultos. En
su programación nocturna, vomita el espéctaculo de las "madres Mayo"
reprimidas a lomos de caballos, le sigue un
reportaje con imágenes de cuerpos mutilados por una mina personal, otro
sobre los famélicos huérfanos de guerra, unos flashes de los retrasados
mentales abandonados en alguna calle de Bombay; o nos muestran las
mujeres momias deslizándose por las calles de Kabul. Tan sólo es un
aperitivo para la publicidad: Cuerpos danone, sonrientes y felices, nos
felicitan la navidad bebiendo cava u ofreciéndote colonias arrebatadoras.
(Estamos
en Navidad!. Los comercios se adornan con luces multicolores y chiribitas, los
altavoces chirrian en la calle campanas sobre campanas o el junguel
bel; bufones con patines vestidos de Papa Noel o Reyes Magos te ofrecen
caramelos. Conocidos, de los que no recuerdas ni su nombre te desean
efusivamente (Feliz Navidad!.
(Tenemos bula para despilfarrar! arbolitos de
poner y tirar, colesterol con sabor a mazapán, polvorón, turrón o peladillas,
alcohol con sabor a cava o vino de reserva.
Hondureños, nicaraguenses, burundeses, ruandeses, coreanos, iraquies,
kosovares, chechenos, palestinos, saharauis, afganos, argentinos etc, etc, etc..
seguirán muriendo injustamente delante de nuestros ojos.
Una vez al año, los mismos actores, un año más viejos, interpretamos
esta esquizofrénica representación de la felicidad decorada con una estúpida
y obligada alegria. Cada año vestimos nuestras casas con abalorios navideños,
paseamos bajo la insoportable música de fondo de la zambomba y culminamos la
representación con espeluznantes
comidas familiares en las que fingimos inútilmente ahogar en cava nuestros
odios y envidias. )Tradición?.
Permitidme que dude, el hombre no puede ser tan estúpido como para sacralizar
unos dias en los que el rico sea más feliz y el pobre más desgraciado,
y en los que, cada uno, se atiborre de su propia insignificancia, de la
indiferencia del mundo hacia él. )O si?